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Esmaltes tradicionales o de larga duración: las diferencias para la salud

Pintarse las uñas no es algo nuevo. Las mujeres del antiguo Egipto ya utilizaban la henna, un tinte natural, para decorar las suyas. Sin embargo, los productos para hacerlo han ido evolucionado a lo largo de los siglos. Hoy, podemos dividirlos en dos grupos:


¿Cuáles son sus riesgos? ¿Qué son los productos “3 free”? ¿Cómo debe ser el etiquetado?

Cerca del 60% de los productos para uñas contienen ingredientes que provocan alergias, mientras que el 41,7% presentan, al menos, un ingrediente cancerígeno y un 41% son mutágenos (aumentan la frecuencia de mutación en las poblaciones celulares y/o en los organismos), según un estudio publicado en 2016 por el Instituto Asturiano de Prevención de Riesgos Laborales (IAPRL). 

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Los esmaltes tradicionales

No contienen acrilatos. Sin embargo, sí presentan otros componentes que suponen varios riesgos para la salud.


El tolueno es uno de los peores. Forma parte del llamado “trío tóxico”, que incluye el ftalato de dibutilo o DBP, tóxico para la reproducción y prohibido en la Unión Europea (UE), y el formaldehído, un posible cancerígeno vetado desde el 12 de junio de 2019. El tolueno es tóxico para la reproducción, se sospecha que puede dañar al feto y la fertilidad y también puede causar daños a los órganos tras exposiciones prolongadas o repetidas. 

Esta sustancia está prohibida en el resto de los cosméticos, pero sigue autorizada en los productos de uñas, limitada a una concentración del 25%. Sin embargo, científicos señalan que el tolueno no es un componente imprescindible para la formulación del esmalte. 

Hasta ahora, algunas marcas utilizan la expresión “3 free” para indicar que no contienen estos tres tóxicos. Aunque hay incluso 5 o 10 “free”, cuando no tienen resina de formaldehyde, camphor u otros químicos peligrosos.

La hidroquinona es un componente sospechoso de causar defectos genéticos y cáncer. Puede provocar alergia cutánea y daño ocular grave. En la UE se permite una concentración máxima de 0,02% en productos cosméticos. Ese porcentaje tan ínfimo ha sido motivo de controversias. Análisis realizados por la Organización de Consumidores de España (OCU) han demostrado que se encuentra en concentraciones mayores a las permitidas en los esmaltes.  La benzofenona ha sido clasificada recientemente como un posible cancerígeno por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC). 

Los acetatos, de butilo, etilo o propilo, pueden causar irritación ocular severa, somnolencia o mareos, y su exposición repetida puede generar sequedad o agrietamiento de la piel. 

Productos para manicura (semi)permanente

Todos contienen acrilatos, los químicos claves para que las manicuras sean duraderas. Los acrilatos en estado líquido, antes de que se solidifiquen con luces UV o LED, no deben tocar la piel porque son altamente alérgenos. Sin embargo, su uso está permitido sin restricciones por el reglamento de cosméticos de la UE.

El Metil Metacrilato (MMA), uno de los metacrilatos más agresivos y comunes, está prohibido en productos de manicura en más de 30 de los 50 estados de Estados Unidos. También en Canadá y Nueva Zelanda. En cambio, en la UE, el MMA es totalmente legal. 

Uno de los metacrilatos más comunes y que más alergias genera según los estudios científicos es el HEMA

El Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (SCCS), que asesora y da opiniones a la Comisión Europea, publicó un informe que constataba los problemas respiratorios y de alergias del HEMA y el Di-HEMA Trimetilhexil Dicarbamato. Sin embargo, el documento también afirmaba que que “no es probable” que estos productos presenten un riesgo de alergias siempre y cuando se apliquen de forma “apropiada” sobre la lámina ungueal, en concentraciones de hasta 35% y 99%, respectivamente, y “siempre que su uso se limite solo a la uña y se evite el contacto con la piel adyacente”.

Hay algunos acrilatos que no están registrados, como el “urethane acrilato”, que el SCCS afirmó que sería necesario estudiar porque podría representar un peligro para la seguridad del consumidor.

El etiquetado

El etiquetado de los productos y su falta de transparencia es otro punto clave. Los fabricantes de cosméticos son los responsables de la seguridad de sus artículos y deben asegurarse de que se someten a una evaluación científica interna antes de ser vendidos, según la legislación europea. Por eso, la UE exige que los productos estén registrados en un portal de notificación (CPNP) de forma previa a su comercialización. 

“Hay un serio compromiso de las marcas con fabricar productos que sean seguros y cumplan consistentemente con la legislación”, afirma la asociación de fabricantes de perfumería y cosmética de España, Stanpa. Sin embargo, éstos no tienen obligación de proporcionar una ficha de datos de seguridad.

Si bien la etiqueta debe ser visible, fácilmente legible (algo difícil a menudo por su tamaño) y estar escrita en español, la lista de los ingredientes no tiene por qué estar en ese idioma. De hecho, por cuestiones de confidencialidad, no se indica la concentración de cada ingrediente en la mezcla, cuando es un factor clave a la hora de determinar si un producto es o no peligroso.